sábado, 30 de octubre de 2010

Querer y amar

El otro día hablábamos en clase sobre el amor y las diferencias entre amar y querer. No voy a pegar aquí lo que dice el diccionario porque cualquiera puede consultarlo, pero evidentemente nos referíamos a la acepción de querer que tiene que ver con el amor.

Existen muchos tipos de amor: el amor carnal, el amor espiritual, el amor fraternal, el amor propio, el amor platónico... Amar puede referirse a todos ellos seguramente, pero cuando decimos que alguien ama siempre pensamos en un amor de pareja, un amor puro pero que no sólo implica cariño. Cuando hablamos de querer, sin embargo, se puede querer a una madre, a un amigo, a tu mascota,... y también a la pareja. Para mí no hay ninguna diferencia entre amar y querer a la pareja, es el mismo tipo de amor, ese que si no se siente no se dice porque no se debe bromear ni pronunciar en vano, porque mentir sobre el amor es como traicionarse a uno mismo. Hay quien sí los diferencia, hay quien cuando dice "te quiero" habla de amor fraternal y cuando dice "te amo" habla de un amor completo.

Por desgracia, según mi experiencia social, no hay mucha gente que diga "te quiero" hoy en día, da igual que sea a su familia, a sus amigos, a su pareja, no se dice lo suficiente. Luego existe gente que, para compensar, lo dice demasiado, incluso cuando no lo siente, banalizando por completo su significado y quitándole el sentido a la palabra. Yo creo que el quid está en el contexto, en la situación, porque no es lo mismo dar un abrazo a tu madre y decirle "te quiero" que decirlo tras acostarte con tu novio. Tampoco es igual decírselo a un amigo que se siente solo o a una amiga que se va a casar. En cada momento significa algo distinto, un tipo de amor diferente. No hace falta decirle a tu madre que la quieres como madre, ni a tu amiga que la quieres como amiga, ni a tu novio que le quieres como novio, porque eso está ahí, en los gestos, en el roce, en la convivencia..., no hay por qué inventarle a las palabras nuevas acepciones para especificar algo que ya de por sí viene especificado por el contexto situacional.

Hay gente que no quiere y hay gente que quiere demasiado y quizá demasiado pronto. Hay que darse cuenta que cualquier cariño ya es amor, ya es querer, ya es una prenda invisible que damos al otro y que él puede usar de muy distintas formas. Es un riesgo que hay que asumir, porque en eso consiste nuestra vida, en crear lazos invisibles con quienes nos rodean aunque luego haya quien los vaya cortando o quien los enrede, quien tire hacia sí y quien afloje hasta deshacerlos. En cualquier caso, considero que si una persona nos importa lo suficiente no hay que asustarse de decir a tiempo un "te quiero" por quedarnos al descubierto o por si se lo toma por donde no es, al fin y al cabo vale más el poder llegar a alguien que un posible traspiés, pues ya dicen por ahí que nunca es posible ganar nada si no hay nada que perder, pero sobre todo abrir el corazón a alguien que crees que lo merece suele ser un ejercicio de sinceridad con uno mismo que siempre se ve recompensado cuando notas que ese alguien es feliz de encontrar ahí tu amor y cariño para cuando lo necesite.

martes, 19 de octubre de 2010

Mezquinos

Los hay por todas partes, parece una invasión, pero es que hacen mucho ruido y se dejan ver más que los que no lo son... espero.

Ayer descubrían en Barcelona los cuerpos de una mujer y sus dos hijos muertos hacía días y el sospechoso no es otro que el marido y padre, fugado vete a saber adónde y cuándo. Los motivos importan bien poco, porque, sin entrar en la forma de ser de la mujer, no creo que unos niños hagan nada para ser merecedores de la muerte a manos de un padre. Los motivos estaban sólo en su cabeza, derivados de su propia mezquindad.

Hay quien es mezquino a tiempo parcial y hay quien lo es a tiempo completo, y se puede ser por afición o bien por frustración. Para ser un buen mezquino la regla de oro es dejar a los demás a la altura del betún, pero si es más abajo aún mejor. A algunos les gustaría tanto enterrar bajo tierra que acaban haciéndolo (véase el primer ejemplo). Pero no mezclemos churras con merinas, porque unos sólo atacan verbalmente y otros ponen algo más de su parte, lo que requiere ya un nivel de maestría que únicamente unos pocos elegidos pueden alcanzar. Y cuidado, porque a algunos les ves venir de lejos, se les adivina el pensamiento, se les leen las intenciones en los gestos, pero otros van camuflados y no los verás hasta que sea demasiado tarde.

Ya he tenido varias experiencias con mezquinos, hombres y mujeres de cualquier grupo de edad e indistinta consideración social, y la última ha sido hoy. No la he visto venir, con mis 30 años me han vapuleado como a una alfombra y ya de paso pisoteado un rato, que me vale el mismo símil. Normalmente huyo de dos tipos de personas: las que no van de cara, que ves que tienen algo oculto, y las que van de cara y no me gusta lo que muestran. Quien me la ha jugado no parecía ser del uno ni del otro, así que no creí que tuviera nada que temer ni esconder, pero su interpretación fue de Oscar. Ya había detectado ciertas rarezas o inconsistencias en la manera de tratarme, cómo un día actuaba de una manera y al siguiente era otro, pero todos tenemos lo nuestro y quien diga que no miente. En cualquier caso nada de aquello podía adelantarme lo que ha pasado hoy.

Para satisfacción de los psicoanalistas de baratillo, diré una vez más que soy una persona que me muestro de frente, sin dobleces y si carezco de buenas intenciones no es que las tenga malas, es que no las tengo de ningún tipo. Me porto bien incluso con gente que no conozco, pero es que pienso que así debería ser la gente en general cuando actúa de modo desinteresado. No había tenido mucho roce con él pero me interesaba su amistad porque yo le interesaba y me había tratado bien, o eso creía yo, porque en realidad todo ha resultado ser un montaje de bajo presupuesto pero de grandes recursos artísticos. No me duelen sus ataques sin motivo, no me duele su manera de juzgarme sin apenas conocerme, no me duelen sus mentiras y difamaciones (me indigna, pero no me duele). Me duele sentirme engañada, no haberlo visto venir y su falta de respeto hacia mí (y no creo ser la única digna de ella). Pero supongo que él es así y se comporta de ese modo ruin y mezquino no pocas veces. Ya digo, yo no le di motivos y no sé si todo formaba parte de un meditado plan, pero así sucede con los mezquinos. Cuidáos de ellos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Hoy he comprendido

Hoy he visto la luz y así por fin he comprendido de dónde vienen gran parte de mis problemas con los hombres: de mi padre. Al final, a pesar de todo, Freud no estaba loco de remate, no. Hoy he visto cómo mi padre antepone en sus prioridades a otra mujer que no era yo, su hija, ni tampoco su otra hija, ni la madre de sus hijas (ojalá, pues podría haberlo comprendido), esa mujer es su actual pareja.

Sí, tengo 30 años, pero aún creo que puedo pedir favores y que no es demasiado lo que pido. ¿Cuándo un padre deja de lado su faceta de padre? ¿Cuándo decide que su vida actual vale más que una hija? Estoy bastante confusa, primero por mi edad, segundo por la cantidad de pasta que le cuesto y que quizá me quita mi derecho a pedir un favor (mi conciencia es más grande que yo) y tercero porque creo que lo más que él es capaz con mi hermana y conmigo es repartir dinero, pagar, como sucedáneo del amor y del cariño.

Al mismo tiempo he tenido un dejà vu, pues había cierto paralelismo con situaciones ya vividas en mi vida sentimental, donde mi pareja (o incluso expareja) podía decir sin que le costase un te quiero, podía hacer algunos sacrificios formales en ciertas ocasiones para luego no hacer ninguno emocional, nada que significase un sacrificio real en su modo de vida, un gesto que saliera de dentro si es que éste iba a costarle un desequilibrio interno o ¿quizá alguna regañina posterior? pese a saber y reconocer que hubiera sido lo correcto. Mi padre, sin embargo, reconocer no lo reconocerá nunca.

Sí, no es lo mismo, pero en mi fuero interno según lo procesaba he sentido un puñal, ¿cómo iba cualquiera a sacrificarse si la sangre de mi sangre, el responsable de que hoy viva prefiere un altercado conmigo en vez de una posible (que no segura) incomodidad en su vida? Quizá alguien le calificaría de calzonazos, pero es que yo no he visto a mi padre siendo calzonazos desde que le conozco. Así que es posible, sí, es posible que Freud tuviera razón y que busquemos en la pareja rasgos que nos recuerden a nuestro padre o madre, ya que hoy la asociación de ideas, de momentos en mi cabeza ha sido muy clara y muy amarga.

martes, 5 de octubre de 2010

Víctima del tiempo

Una vez más, el otoño, y con él menos luz, menor temperatura, tiempo inestable... Es como si llevara las nubes dentro de mi cerebro y mi corazón. Hasta ayer, apenas era una sensación que me rondaba, una pesadumbre en el ambiente, como quien despierta en un día agobiante por el bochorno. Ayer se transformó. Las nubes negras del cielo amenazaban lluvia y el aire hablaba de la nueva estación. Mi cabeza parecía una centrifugadora y mi corazón estaba comprimido sin poder bombear bien. Entonces me di cuenta que mi otoño había llegado para poner freno a mi ilusión, para hacer de mi día a día una pendiente escarpada donde me tendré que agarrar con empeño para no caer rodando por ella y hundirme una vez más.

Mi maquinaria se paró el jueves pasado y, bueno, siempre me ha costado ponerme a rodar, mucho más si ha llegado el agobiante otoño, que espera un desliz para atacar y llevarte consigo, con su frío, con su oscuridad, para vencerte y dejarte fuera de combate. Además cómo será que cuando te encuentras bien te centras en todo lo que te favorece, y lo que no pasa a un segundo plano, te vuelves optimista, pero cuando estás mal lo bueno es lo que pasa a un segundo plano y comienzas a sentir el asedio de los mismos problemas que tenías antes, pero que estaban ahí detrás dejando delante aquello que te favorecía y te sonreía.

Así es como soy hoy una víctima del tiempo de otoño, de la lluvia, del frío, del viento, de las nubes negras, de todo aquello que te invita a quedarte en casa agazapado bajo una manta y a no querer encarar lo que tienes justo delante.

lunes, 4 de octubre de 2010

Respeto y relaciones sociales varias

Creo que elijo mal a un determinado sector de gente con la que me junto. Trato con respeto a todo aquel con quien me relaciono, pero muchas veces no obtengo a cambio ese mismo respeto que doy. A determinados elementos debería despreciarlos al primer indicio, pero tengo debilidad por los puzzles humanos, aunque al final lo único que consigo es que me lleven los demonios, maldecir al capullo y maldecirme a mí misma. ¿Tan difícil es tratar al resto con un mínimo de respeto, aunque no te importen una mierda? Yo creo que no, la verdad. El respeto es básico, y sin embargo, hay quienes lo niegan a gente con la que interactúan, con la que tienen o han tenido cierta relación... Bueno, tampoco es nuevo que yo ofrezca más de lo que recibo, la verdad, forma una singular parte de mi modo de ser.

Vayamos a ejemplos un poco más específicos. ¿Es normal pedirle apuntes a un compañero, aunque anteriormente no hubieras tratado con él, para luego proseguir como si jamás le hubieras hablado, negándole el saludo? ¿Es normal quizá acostarse con alguien y luego tratarle como si apenas le hubieras saludado alguna vez? ¿Es normal tener conversaciones íntimas y distendidas con alguien y que luego no te coja el teléfono o no responda tus llamadas? Por desgracia, me temo que es más normal, en cuanto a corriente, de lo que debería ser, aunque yo creo que lo más adecuado sería respetar lo suficiente a esa persona como para seguir saludándola ahora que la conoces, hablarla como hasta entonces o más después de haber intimado, y que poco a poco surja una amistad si es que conversáis de un modo tan cómodo. Qué voy a contar yo, que a veces me apetece aislarme de todo lo que me rodea como quien se deja hundir en un mullido sofá y que, sin embargo, cuando me decido a hablar o me cruzo con quien hace tiempo que no hablaba es como si el lapso de tiempo en que no hemos tenido contacto desapareciera.

A mí no me gusta que me traten como a una naranja con la que hacen malabares y finalmente le exprimen el zumo, para tirar su cáscara pues ya han sacado de ella lo que querían (creo que a nadie). Y hablando con amigos y amigas sé que aquí la rara no soy yo, sé que normalmente la gente interacciona y trata con dignidad al de enfrente, aunque lo que para él prime sea sacar cierto beneficio (apuntes, sexo, diversión, etc.), pues no olvidemos que todos somos igual de personas y merecemos el mismo respeto... siempre que estemos respetando.

A fin de cuentas, ¿qué son los amigos? Vale, sí, los amigos son mucho más, porque nos importan, porque les queremos, pero de todas formas sacamos provecho de las amistades en una u otra época y cuando no es un provecho sustancial, siempre nos dan su compañía y apoyo, como nosotros a ellos, porque eso es la amistad.

Pues bien, a ver si dejo ya de dar, dar, dar para luego recibir mucho menos o nada, o justo lo contrario a lo que necesito. Todos necesitamos cierta atención, ¿o no? Y entonces por qué habrá gente que la reciba y no la devuelva... Quizá el egoísmo, quizá un concepto equivocado del mundo, quizá falta de interés, quizá insuficiente implicación y respeto, quizá que les han abducido los extraterrestres, quizá es que padezcan Asperger... Muchos quizás y muchos puzzles por resolver, y cada vez menos ganas de hacerlo cuando la situación se va repitiendo en el tiempo. Para eso, casi mejor no gastar energía ni tiempo en quien no lo merece, dado que no da por mí lo que yo sí por él, ¿o no?

domingo, 3 de octubre de 2010

Exceso de responsabilidad

Por qué no podré sentirme simplemente feliz, por qué tendré que darle tantas vueltas a todo, me pregunto. Y es que, que tu formación valga una pasta gansa causa dolor de estómago. A ver, no es que si no costara tanto fuera a tomármelo a guasa o algo, pero que valga la pasta que vale, primero, me da cien patadas cuando hay mejores cosas que hacer con el dinero, sobre todo cuando una no cree en la enseñanza privada habiéndola pública (donde no aceptan traslados de expediente debido a la instauración de los nuevos planes de estudio, todo son facilidades para estudiar como se ve), y segundo, una intenta valerse por si misma en este mundo y al final lo único que adquiere son deudas y más deudas. Sumemos mi complejo de culpabilidad permanente por todo, tenga o no yo culpa de algo y tenemos un cóctel que causa bastante resaca y da un buen dolor de cabeza.

Pero veamos, en realidad, yo lo único que quiero es acabar de una vez mi formación universitaria y poner mi vida en buen rumbo. Es todo tan difícil, o quizá yo hago que lo sea, quién sabe, o que pienso demasiado, que eso también puede ser, o un poquito de todo. Siempre me queda dentro el resquemor de y si sería mejor tomar la otra opción, el otro camino. En este caso, ¿y si fuera mejor seguir en Barcelona, en la pública? Para mi currículum seguramente sería mejor, para el bolsillo, más o menos igual porque lo que se va en Madrid en formación se iría en Barcelona en alquiler y gastos, pero, ay, creo que para mi salud mental sería bastante nefasto. Me siento aún muy blandita y necesito abrigo. Sé que en Barcelona tengo abrigo de mucha gente e incluso puede que más libertad, pero por contra seguiría torturándome la idea de no ser capaz de autofinanciarme, y tendría que vivir día tras día con mi pasado, cosa de la que hoy día no sé si saldría muy airosa.

Así que la suerte está echada. Una vez más quise ir hacia delante y fue demasiado para mí, así que di un pasito hacia atrás, donde sé que hay tierra firme. Espero no defraudarme, pues soy quien más espera de mí, espero tener un poquito de suerte, por toda la que me faltó en el curso pasado, espero seguir teniendo momentos de felicidad como los que he tenido en estos últimos meses, pues ellos son los que me hacen sentir bien y seguir adelante. Paciencia para ir paso a paso y no a saltos es la que generalmente me falta, la incertidumbre me tortura y acabo desquiciada. Últimamente he logrado dominarme en este aspecto, o mejor dicho asumir que todo lleva un proceso que hay que seguir y que no hay ningún árbol que dé frutos recién sembrado. Pero mi tendencia natural es la que es y se hace difícil evolucionar, aunque un pie detrás de otro, quizá llegue a conseguirlo.

martes, 21 de septiembre de 2010

Culto a los muertos

Desde niña me han dado mal rollo los cementerios. Aparte de toda la mitología popular que pueda estar relacionada con esos lugares, son sitios lúgubres y tristes. Los entierros no se caracterizan precisamente por la alegría, no, perder a alguien nunca es divertido, y haberlo velado durante un par de días tampoco es que dé mucha euforia.

Todos recordamos a nuestros muertos por una cosa o por otra, un día u otro, en cualquier momento, pero enterrar un cadáver casi encierra cierto masoquismo. Ya se pasa bastante mal echando al ser querido en falta, pero además de todo, vuelve una vez al año al cementerio a recordar esos días tan malos que siguieron a su muerte, a limpiar la lápida, a poner flores y a ver por allí a todo el mundo haciendo lo mismo. ¿Acaso estamos locos? Sí, yo ya sé que el culto a los muertos se viene haciendo desde la Prehistoria, desde los primeros homínidos, pero entonces también tenían muchas otras costumbres que han ido desapareciendo...

Últimamente, por el tema práctico, cada vez tiene más importancia la cremación. Desde luego, esparcir cenizas de un ser querido en una ceremonia íntima (tan íntima como que puede estar una sola persona) lo veo bastante más entrañable y esperanzador que sepultar un cuerpo, pero es que además el devolver esas cenizas a la naturaleza sin más artificio tiene bastante de simbólico. Sí, ya sé que enterrando un cuerpo también se devuelve a la naturaleza, pero ahí queda la lápida de permanente testigo, haciendo imposible que alguien pueda olvidar que bajo ese trozo de tierra están los restos de lo que un día fue una persona. Francamente, prefiero las fotografías. Ya dicen por ahí que mejor recordar a las personas cuando estaban vivas en vez de muertas...

Dejando todo esto a un lado, que ya es bastante, tenemos el tema económico, pues ya se sabe que de todo hay que sacar dinero y de todo hay que lucrarse. A saber: féretros de maderas nobles y forrados en fibras naturales, lápidas de granito y mármol, coche fúnebre, flores y más flores, esquelas, recordatorios, habitación en el tanatorio, etc. El funeral también, claro, que aquí cobran hasta por respirar si te descuidas, y no precisamente poco. El que no quiere gastarse el dinero en un funeral y entierro o cremación medio decente pues es que es un ruin y un mezquino, porque poner un ataúd de contrachapado es cutre y echar al muerto a una fosa común ni te digo. Y yo pienso entonces: ¿Acaso el muerto va a sentirse mejor entre seda que entre aglomerado? ¿Va a ver las flores que le llegan? ¿Va a leer las esquelas? ¿Es que el morir es un acontecimiento tan maravilloso que hay que publicarlo en el periódico para compartirlo con el mundo? La respuesta es que todo se hace por pura costumbre y de cara a la galería, a los demás, cuando realmente los familiares que pagan el sepelio por lo que menos quieren estar es por echar cuentas, pero bueno. Hace años solía creer que la cremación costaba menos que el entierro, pero estaba totalmente equivocada. Eso sí, no hay lápida que mantener y el culto al muerto acaba el día en que lo devuelves a la tierra (o al mar, o a donde sea).

Lo que yo más disculpo es el velatorio, en el que, por cierto, ni tendría por qué estar el cadáver presente, y el funeral. La tradición viene de cuando se velaba el cuerpo de un fallecido durante algunos días en su casa para asegurarse de que efectivamente estaba muerto, pues la medicina dejaba bastante que desear. Por supuesto, no iban a dejar a la familia cercana sola con el marrón y hecha polvo, así que recibían visitas y pésames de todos los seres queridos entre tanto, que además así les daban su apoyo. Hoy en día la costumbre no tiene ese sentido, así que se hace en un edificio ex profeso y, pese a todo, ahí meten el cuerpo del fallecido como si fuera una estatua a contemplar. A mí particularmente me parece de bastante mal gusto. Al final, en un velatorio, se termina trivializando y hablando de cualquier tema aunque no tenga nada que ver con el fallecido, mientras que algún familiar cercano está llorando o a punto de desmayarse por las horas que ha pasado sin dormir y/o comer, los nervios y el agobio de la gente. ¿Y no se podría hacer lo mismo pero en casa de uno, tranquilamente y apartado del cuerpo? Recibir pésames así sería mucho más cercano y sobrio y, además, el que estuviera hecho polvo estaría en un lugar conocido y lleno de buenos recuerdos, que dan más abrigo que un sitio frío donde sólo hay un cuerpo sin vida que ya no es la persona que fue.

El funeral suele ser una ceremonia religiosa, y los que me conocen ya saben el apego que tengo yo a las religiones, especialmente a sus representantes. Para mí, un funeral bien puede ser una reunión de familiares y amigos donde la gente comparta sus sentimientos con el grupo, que seguro que saben más del muerto que el cura que no lo ha visto en su vida. ¿Pero acaso las palabras del sacerdote confortan? A mí, desde luego, no y sé de otras personas a las que tampoco. Si alguien me dice que mi abuela o mi padre ya no está conmigo porque otro ser al que ruego cada día se lo ha llevado a su lado (y sobre todo si he visto como ha estado sufriendo en sus últimos meses de vida) no me apacigua en absoluto, sino más bien todo lo contrario, ¡pues menuda recompensa a mis plegarias! ¡Menudo caprichito del ente en cuestión! No, no es reconfortante en absoluto a no ser que seas un beato de la vida y tengas una fe de creer lo que te dicen a pies juntillas sin preguntarte absolutamente por nada (también hay de estos y no pocos, claro).

Actualmente, vivo desencantada con muchas cosas, lo reconozco, pero mi pensamiento sobre el culto a los muertos está bastante definido desde hace más de diez años. Y ¿qué pasa si para ti un muerto es sólo un cadáver? ¿Qué pasa si no quieres gastarte un duro en el cuerpo o que se lo gasten en ti cuando mueras? ¿Qué es de los muertos cuya familia suda de ellos? Si alguien tiene el aplomo y la suficiente personalidad como para desentenderse de un cadáver porque simplemente lo considera tal, y dependiendo de las circunstancias de la muerte, puede optar por:

— donación de órganos y tejidos, siempre que la muerte no haya sido por una infección o algún cáncer, etc. Se puede donar prácticamente un cuerpo íntegro, pocas partes hay que no se aprovechen para una u otra cosa.

— donación del cuerpo a la ciencia para investigación o estudio, porque los estudiantes de medicina y otras ciencias biosanitarias también necesitan practicar y estudiar con cuerpos reales, que los dibujos sólo son idealizaciones de la realidad, y no se pueden cortar y coser como si fueran recortables.

— dejar que el ayuntamiento se ocupe de él y acabe en una fosa común.

Las dos primeras alternativas son algo de utilidad. La donación de algún órgano es siempre factible, y siempre hay gente esperando alguna parte de alguien para poder continuar con su vida. Es dar esperanza a quien prácticamente la ha perdido y saber que hay una parte de esa persona que vive en otra, un pequeño milagro andante. La donación del cadáver para estudio o investigación es siempre algo necesario, pues sin esos cadáveres la medicina de hoy aún estaría en pañales y los médicos nuevos tendrían que practicar en pacientes vivos haciendo auténticas carnicerías. La tercera, a mi entender, es para cuando las dos primeras no son posibles.

Y aquí acabo mi tratado sobre la muerte. Supongo que habrá mucha gente que no esté de acuerdo conmigo. Yo alguna vez lo he hablado con mis padres y, aunque llegado el momento igual no soy capaz porque una cosa es la idea y otra la práctica, mi intención está clara y a ellos no les molesta en absoluto. Igualmente, yo espero que hagan lo mismo conmigo si es que me ocurre alguna desgracia mientras ellos vivan.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Romanticismo práctico

Cuánta falsedad hay por el mundo hoy en día. En lo que llevo de vida me he encontrado con gente que dice ser romántica pero en realidad se queda en el gesto: en regalar flores, en declararse de rodillas, en comprar joyas, o simplemente en afirmar lo que le gusta o gustaría todo eso. Luego, en su día a día en realidad no adoran a nadie, no valoran tener pareja, no valoran el amor. ¿Cómo alguien puede ser romántico si no siente por dentro lo que aparenta por fuera?

Para mí el romanticismo no consiste en gestos que se puedan hacer de vez en cuando, para mí consiste en una manera de sentir y de estar frente a la persona que quieres o aprecias. Y ya sé que esto sonará poco ortodoxo, pero se puede extender el romanticismo a cómo actúas con tus amigos o tu familia: sorpresas, ilusión, amor (aunque sea fraternal y platónico).

Un gesto romántico no es dejarte la pasta en rosas o un anillo (lo que además es algo que se le supone sólo al hombre, lo que no deja de ser machista, claro), es estar por el otro y saber lo que piensa y necesita, es sorprenderle cuando menos se lo espera, es saber sus ilusiones y satisfacerlas (y esto sí puede aplicarse tanto a un hombre como a una mujer). Son gestos simples y cotidianos, es ternura, es intimidad, es aparecer de la nada cuando menos se lo espera, es regalar esa tontería que no se espera porque puede que sea una pequeñez o porque puede que no sea tan especial pero sabes que le va a gustar, es lo espiritual e íntimo en vez de lo material y público, es iluminar su cara y ver su rubor y sentirte confortado porque eso te llena...

El romanticismo no es esa mierda inventada por los grandes almacenes y las películas de Hollywood, el romanticismo es algo que se lleva dentro y tiene que ver con la forma de encarar la vida y las relaciones, y es perfectamente compatible con ser práctico, con no creer en el matrimonio, con no soñar con bodas y anillos o mujercitas florero tácitas y serviciales. Lo que queda entonces es el romanticismo práctico, ése compatible con un modo de vida de hoy sin caer en supuestas galanterías que en realidad son gestos frívolos, materiales e innecesarios que en realidad sirven únicamente para distraernos de lo realmente importante, lo que llena el corazón: los sentimientos, la pasión y la ilusión, eso que nos lleva a ser tiernos y románticos con quien nos toca de cerca, con quien nos roba algo de lo que llevamos dentro, porque así ha de ser, porque según yo lo veo, esos gestos son inherentes a los sentimientos por otra persona.

sábado, 28 de agosto de 2010

Dejar huella

El ser humano dedica su vida a probar que ha existido quizá en un vano intento por sobrevivir a la muerte. Pero la única manera de sobrevivir a la muerte que tenemos la mayoría pasa por dejar nuestros genes a la desendencia o bien quedar en el recuerdo de quienes nos han querido.

Particularmente, a menudo me encuentro absorta en el pensamiento recurrente de si se acordarán de mí, si pensarán que merecí la pena aquellos a los que yo sí recuerdo. Se puede decir que mi intención de agradar, de gustar, de no importunar a veces raya en lo obsesivo, es algo de lo que ya no soy consciente pero sé que está ahí. No es que no me muestre tal como soy, es que soy así. Cuando no conozco a alguien lo suficiente intento no ofender, que se sienta cómodo conmigo, voy con cautela porque no sé cuál es su grado de sensibilidad o sus inquietudes. En realidad, creo que es algo que cualquiera debería hacer y pura empatía. Y no es que no continúe haciendo lo mismo con la gente a quien ya conozco, de hecho sigue siendo igual, pero está claro que cuando alguien te tolera sabe tu forma de ser y, aquello que a priori pudiera resultar chocante o incluso cortante, pasa a ser simplemente un rasgo más de la persona con la que tratas. Mi conducta, como digo, no pasa por convertirme en un pelele, pero sí me siento bastante apesadumbrada cuando un gesto mío se toma de un modo ajeno a mi intención.

Al final todo se relaciona con mi superlativo sentimiento de culpa. Sí y no. Como decía, quiero dejar huella a mi alrededor, aspiro a ser querida y recordada por al menos quienes me importan o han importado alguna vez. Antaño solía pensar que marcaría diferencias con mi vida, que llegaría a hacer algo importante, quizá no como para entrar en los libros de historia, pero sí como para obtener cierto reconocimiento. Esas eran mis aspiraciones. Hablo de cuando no sabía lo que era vivir, simplemente me lo habían contado. Más tarde descubrí que el mundo del que me habían hablado no tenía mucho que ver con la realidad, era más bien un reflejo adornado y mirado con una luz especial. Pero eso ya forma parte de otra reflexión...

sábado, 21 de agosto de 2010

Ahí va

Dos amigos, hablan sobre una chica que apenas conocen:

—Qué buena que está Maite, ¡me pone a mil!

—Pues si supieras cómo la chupa...

jueves, 19 de agosto de 2010

El sentimiento

Recuerdo esas tardes de invierno que ya de niña me provocaban esa extraña melancolía que no sabía bien de dónde podía venir. ¿Qué es lo que provoca nostalgia cuando tienes cuatro años y toda una vida por delante? No sé de dónde provenía la apatía y tristeza que me invadía. Daba igual que estuviera viendo videoclips o que estuviera pintando, haciendo un puzzle o deberes del colegio, ahí estaba.

Venía con el otoño y se quedaba conmigo hasta la primavera, aunque es verdad que unos días estaba más presente que otros. Recuerdo ese sentimiento que casi no puedo explicar en palabras, ese hueco interior, esas ganas de no hacer nada, esa sensación de vencimiento, esa astenia, esa tristeza inexacta que se adueñaba de mí en momentos. Siempre era de noche, la noche del otoño y el invierno, que en Madrid puede llegar a empezar a las seis de la tarde. Inevitablemente hay imágenes y sonidos que uno a esos momentos, simplemente porque estaban ahí cuando me sentía así. Él estaba allí cuando abría el libro de solfeo, estaba allí cuando veía el clip No more lonely nights de McCartney, estaba allí cuando desmontaba el belén y el árbol de Navidad, estaba allí en las tardes aburridas cuando no lograba entretenerme con nada, estaba allí cuando volvía de las clases de inglés, estaba allí cuando veía el programa del hipódromo... No sé en qué momento empezó a estar allí, pero calculo, por esas imágenes y sonidos, que cuando tenía cuatro años ya formaba parte de mí.

Pasó el tiempo, pero nunca logré que desapareciera. Seguía conmigo, casi siempre de otoño a primavera, como un ave migratoria que baja al sur al acabar el buen tiempo. Pero a medida que pasaban los años, ocurría una anomalía: el sentimiento era capaz de estar conmigo también en primavera y verano, en ciertos días de apatía o abatimiento. Supongo que este sentimiento es el origen de todo, y ni siquiera sé qué lo causaba siendo yo tan niña. Luego fue creciendo conmigo, formando parte de mi vida, inundando partes de mí y saliendo a flote en cualquier momento. Acabó siendo parte de mi forma de ser y carcomiendo una esencia que necesitaba intacta para poder seguir adelante sin que ello me supusiera un mundo.

Hoy sigo sin saber de dónde provenía entonces, aunque sí sé localizarlo, a veces, cuando se inmiscuye en temas que no le conciernen. Ningún tema le concierne, de hecho, pero podría limitarse a estar ahí, causando ese hueco, ese vacío, esa apatía, esa tristeza, sin contaminar mi vida. Podría dejar de tocar mi autoestima, mi desarrollo, mis planes, mis metas. Pero no, hoy ya forma parte de todo y no puedo desterrarlo. Muchas veces me cuesta hasta verlo, y sudo tinta china si alguna vez consigo superar lo que supone. Pero lo he hecho más de una vez. Y me enfrento a él, y no me doy por vencida, y no levanto cabeza. Aún así no pienso entregarme a él y olvidarme de mí, porque, pese a todo, no está en mi naturaleza: para bien o para mal soy de ideas fijas y no está en mis planes dejar de ser como soy.

miércoles, 18 de agosto de 2010

No estoy en venta (15/08/2010)

Observando el mundo a mi alrededor, me doy cuenta de que muchos tienen precio y hay hasta quien lo admite como si fuera algo de lo que enorgullecerse en vez de avergonzarse. Algunos lo justifican diciendo que con el mero hecho de trabajar ya te estás poniendo un precio, así que no hay diferencia alguna.

Prestando algo de atención, el argumento se cae por su propio peso. Sí, trabajar normalmente no es plato de gusto, incluso hay bastante gente que odia su trabajo, pero para poder compararlo con el poner precio a alguien, quien trabaja tendría que estar para ello traicionando sus principios, su escala de valores, y si ese fuera el caso, yo le recomendaría cambiar de tarea, que nunca es tarde.

Con venderse o ponerse precio, me refiero a hacer lo que uno, de primeras, no haría porque no cree en ello, porque lo aborrece o porque no lo considera coherente en ese momento. Supongo que todo es cuestión de relativizar y de autoconvencerse de que no tiene importancia. Por algo se empieza. Me pregunto cuáles serían los inicios de Al Capone. Otras veces, simplemente hay que ponerse en la piel del comprado, pues hay quien se cría sin conocer una escala de valores coherente, por lo que para ellos el acto de venderse no es tal, simplemente están negociando una situación que les es favorable. En cualquier caso, creo que sí se puede hablar en cierto grado de falta de escrúpulos. Desde luego, quien carece de ética es mucho más feliz en este juego, pero el que juega a relativizar supongo que acaba por perder la que pudiera tener.

Hay quien piensa que la esencia de este mundo que hemos creado es que todo está en venta. No pretendo erigirme aquí como un modelo de moralidad a seguir, pero sí creo que es bastante triste hipotecar los convencimientos, las ideas, en resumen, lo que nos hace ser las personas que somos, simplemente por dinero. Sobra decir que, como sin sobrevivir no seríamos quienes somos pero tampoco ninguna otra cosa, la anterior afirmación queda invalidada cuando de ello depende el subsistir. Sin embargo, no nos es extraño ver a quien cuando llega a tener una mayor o menor fortuna cambia de principios volviéndose frívolo y viviendo por y para la ostentación. Menos mal que también se da lo contrario: gente que, pese a haber hecho dinero de sobra, vive prácticamente como cualquiera de nosotros y sin haber variado sus hábitos respecto a cuando sus recursos eran menores. Su escala de valores continúa siendo la misma y si ha variado seguramente haya sido a consecuencia del devenir de su vida y no del dinero acumulado.

Desgraciadamente, vivimos en un mundo donde el dinero fascina y muchos olvidan sus compromisos consigo mismos para dejarse seducir por el poder que da, olvidando de dónde viene y lo que simboliza ese dinero y, por supuesto, olvidándose de lo que un día consideró importante.

Harta (15/08/2010)

Estoy harta, harta de mí y del mundo que me rodea:
harta de la falsedad de la gente,
harta del sufrimiento,
harta de la hipocresía,
harta del individualismo,
harta de no lograr mis metas,
harta del desamor,
harta de que me digan lo que he de hacer,
harta de padecer,
harta de quejarme,
harta de sentir que no encajo en ningún sitio,
harta de desear pertenecer a un grupo y así sentirme aceptada y parte de algo,
harta de envidiar a los que han conseguido algo en la vida,
harta de soñar despierta, harta de sentirme sola,
harta de ser un bicho raro hasta para mi propia familia,
harta de que me dejen por imposible,
harta de mi complejo de culpa,
harta de portarme bien con todos,
harta de ser débil,
harta de resistir lo que me echen,
harta de que me tomen por tonta,
harta de llorar por todo,
harta de sentirme frágil,
harta de ser tan complaciente,
harta de la falta de valores del mundo,
harta de la inmadurez de la gente,
harta de estar siempre cansada,
harta de desear lo que no puedo tener,
harta de querer ser como el resto,
harta de desear que se fijen en mí,
harta de querer pasar desapercibida,
harta de mi permanente insatisfacción,
harta de no saber comportarme de acuerdo a las circunstancias,
harta de mi particular timidez y fobia social,
harta de no lograrlo,
harta de esforzarme,
harta de pasado y presente, y un prometedor futuro que nunca llega,
harta de la ansiedad,
harta de los miedos,
harta de la incoherencia a mi alrededor,
harta de los tíos,
harta de las tías,
harta de sentirme estafada y defraudada,
harta de las reglas,
harta de la pereza,
harta de que mi cerebro no pare y vaya por libre,
harta de las contradicciones,...

domingo, 15 de agosto de 2010

Planes

Pienso mucho, pienso demasiado. Sigo sintiendo un hueco en mi interior que debo llenar. Y tengo que ser yo, nadie va a hacerlo por mí. A veces me siento llena de ilusión y otras desesperanzada.

Tengo miedo de que el futuro que espero nunca llegue, porque espero mucho de él. Mientras tanto, intento olvidar y terminar de superar parte de mi pasado, buena parte aún reciente, y aprovechar el presente, que es una de mis asignaturas pendientes. La ilusión mantiene mis esperanzas y me anima a vivir el presente para llegar al futuro que deseo. Aun así, siempre queda el miedo y la incertidumbre, generatrices de ansiedad que trato de evitar por todos los medios.

Soy muy joven, ¿de verdad tengo ya treinta? Yo tengo ganas de soñar, experimentar, disfrutar, siento que me queda tanto que me sitúo mentalmente más en la veintena que en la treintena. Quizá el establecerme no sea para mí, porque me veo muy lejos de elllo, aún creo que puedo cumplir muchos sueños que, en el pasado, esperaba tener ya realizados. Quiero ver más mundo, quiero conocer más gente, quiero ampliar mis horizontes, por mucho reparo que todo ello me dé. Ansío amistades que compartan mis intereses e inquietudes, porque me gusta socializar y también hacer las cosas acompañada, pues al final el disfrute es mayor si se comparte: películas, viajes, salidas, todo mejora en compañía.

El amor, por otro lado, no es algo de lo que huya, pero puedo afirmar que no me preocupa y que, hoy por hoy, prefiero no verme de nuevo en sus garras, pues necesito algo de paz en mi alma y me aterra volver a sufrir. Necesito ser yo mi prioridad, y no otro. Aparte, mi corazón está asolado y no creo que ahora mismo pueda crecer en él ni una brizna de hierba.

En cualquier caso, mientras hay vida hay esperanza, que se suele decir.

jueves, 12 de agosto de 2010

Intuición

Pasamos la vida haciendo planes que cambiamos para adaptarlos a las distintas situaciones que se van sucediendo. Algunos somos de ideas más bien fijas y otros no tanto, pero todos buscamos algo. La perseverancia influye, la suerte o la casualidad y, aun así, tampoco es raro llegar a sentir que somos hojas movidas por el viento que se van encontrando en el camino.

Todos hemos tenido que lidiar con malas experiencias, malas situaciones, personas que no eran de nuestro agrado y que incluso nos han puesto alguna zancadilla, pero también todos nos hemos cruzado con gente con quien conectamos, hemos vivido situaciones agradables y compartido momentos dignos del recuerdo.

Resulta a veces paradójico lo perdido que puede estar alguien y de la noche al día sentirse encontrado. Puede que sean pequeñas cosas las que nos salvan, minucias que van cayendo en el colador y van haciendo poso hasta que éste es lo suficientemente grande como para afectar positivamente. Otras veces es alguien quien nos salva: algún familiar, un amigo, un desconocido, alguien que estaba en el sitio y el lugar adecuados.

Cada cierto tiempo, frente a distintas dificultades, intento verme a mí misma como a alguien independiente, idealizo una figura que no necesita socializar para ser feliz y plena, aunque la realidad sea otra bien distinta. De hecho, últimamente hago caso a mi lado social, aunque no sea la persona más abierta del planeta, al menos a priori. Lo que nunca dejará de sorprenderme, pese a haberlo vivido en más de una ocasión es cómo hay ocasiones en que coincides con otra persona con la que conectas desde un principio, casi oyendo ese "click". Con conectar no me refiero a que esa persona sea tu alma gemela, comparta todos tus intereses o vaya a ser el amor de tu vida, me refiero a que es alguien con quien te sientes a gusto y notas puedes abrirte a ella porque se ha creado una unión profunda en cuestión de horas. No hablo de amor, hablo de amistades, hablo de uniones entre personas.

Me maravillan los misterios de la psique humana que hacen posibles estas conexiones. Supongo que tenemos sentidos de los que no somos conscientes y que detectan cosas que nos pasan desapercibidas si intentamos racionalizarlas. Esto quedaría explicado si tenemos más instinto animal del que creemos, que queda patente en ejemplos como este, cuando elegimos pareja o cómo sin conocer a alguien podemos sentir un rechazo irracional (aunque sea leve) cuando nos lo acaban de presentar y no puede estar fundamentado. Es la misma sensibilidad que nos dice de primeras si nos podemos fiar de una persona o no. No es infalible, pues no es raro que nos podamos equivocar y que haya gente que nos decepcione, pero en general, solemos confiar en esta intuición, que suele dar en el clavo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

A castillo derruido...

Me levanto como un zombie, incluso me duele la cabeza como si la hubieran usado como coctelera. Paso el día somnolienta, como si no fuera dueña de mí, porque no tengo ganas de serlo. Algo mundano me agobia, en realidad son varias cosas. Como siempre, me imagino fuera de mi mundo, cambiando lo que me rodea para saber si puedo encontrar algo con lo que motivarme a seguir adelante con cierta ilusión, con ganas.

Ha sido un varapalo darme cuenta de que mis planes de futuro no iban a ser la seda que imaginé, pero estoy acostumbrada a estas cosas, y es cuestión de días el volverme a poner en funcionamiento con ilusión y expectación. Y ya lo estoy deseando, pero me siento insegura en mis pasos, han sido tantos los pasos en falso, que no puedo evitarlo. A veces me gustaría no tener que decidir, que fuera alguien externo a mi vida quien lo hiciera, pero es hora de tomar las riendas, aunque ello suponga equivocarse una vez más.

La verdad es que soy optimista, pero siempre queda un resquicio de inseguridad (en este caso no es pequeño) y en mi caso, además, un reparo que vino dado por el venirse abajo abruptamente el mundo que había diseñado para mi futuro.

Puedo correr, pero al menos tengo que hacerlo en una dirección, no puedo huír de todo. Si además esa dirección me permite llegar a algún sitio, aún mejor, aunque para ello tenga que dar un rodeo por querer evitar la gran roca que había en el anterior camino.

domingo, 1 de agosto de 2010

Hoy

El calor extremo atosiga, se hace difícil respirar ese aire que parece salido de un horno de panadería. Todo se va secando irremediablemente, incluso mi alegría. Pero me queda el consuelo de que ninguna temporada es eterna y aunque parece algo marchita, reverdecerá tarde o temprano.

Qué a gusto estaba yo sola, y vuelven las absurdas reglas, las obsesiones vacías y el control del falso orden. Pero es fachada, y esa fachada caerá o yo me iré a estar sola, porque no soporto la obsesión desmedida y absurda y el trato infantil.

Tengo 30 años, para lo bueno y para lo malo, aunque no se me permita. Quiero decir, que si me quieres ayudar, bien, pero si quiero tirar mi vida por el retrete es sólo asunto mío. No me van los yugos, no me va el control excesivo y vacío, será por haberlo sufrido en otra época, no me va vivir así, y sin embargo, aquí estoy aguantando el todo por el todo y haciéndome la sueca para no enfrentarme a la realidad que me rodea, una realidad mediocre de la que intento escapar.

No tratéis de buscar sentido a mis palabras pues puede que lo tengan, pero puede que sólo sean un cúmulo de ideas sin objeto ni fin, las ideas de una loca de la vida...

sábado, 31 de julio de 2010

Pensamientos pasados: 14/07/2010

Un hormigueo, emoción y sobredosis de azúcar. La emoción se transforma en ilusión, por mucho que intente convencerme de lo contrario. Desconozco el terreno que piso, aunque intento orientarme. Es difícil cuando las señales inducen a confusión. No me gusta abandonarme a las emociones porque tengo miedo al sufrimiento. Intento ir con pies de plomo, afianzando cada paso, pero sentir es inevitable, al menos yo no conozco la manera de poner freno a lo que llevo dentro. Quisiera ser más sabia, o al menos más desconfiada, para protegerme, pero lo único que me sale es la sinceridad. Es por cosas como esta por las que me intento autoconvencer de que estoy mejor completamente sola, pero no termino de conseguirlo.

Había pasado ya suficiente tiempo como para ilusionarme de nuevo y simplemente surgió. Apareció un desconocido con potencial, alguien que mostró interés y que interesaba. La cosa no hacía plantearse nada hasta un exceso de atención, sobredosis de azúcar. Incredulidad pero grata sorpresa y posterior aceptación. Ilusión, respuesta en igual medida y de repente nada, vacío. Incertidumbre, indicios difíciles de interpretar, impotencia, intentos de aclarar qué ha pasado y cuál es la situación sin hallar respuesta alguna al otro lado. Al final, es más prudente abandonar un juego que se desconoce y donde no se quieren dejar claras las instrucciones. Puede comenzarse de nuevo, pueden explicarse las reglas o puede perderse para siempre, en cualquier caso ya no está en mi mano. Es lo más sensato.

Pero para este viaje no hacía falta tanta alforja, que yo nunca pedí nada y para ilusionar y luego que se venga abajo esa ilusión, casi mejor te ahorras lo primero... Aún no encajo cómo alguien puede cambiar radicalmente su conducta de un día para otro, si todo era una táctica o engaño desde el principio (cosa que me resisto a creer, pues no soy tan malpensada y además sería muy maquiavélico) o si algo pasó a su alrededor que le hiciera virar. También puede que captara mal las insinuaciones posteriores, pero tampoco tendría demasiado sentido. En cualquier caso, quisiera saberlo.

Mi principal defecto en estos casos es que veo a los demás como un puzzle donde tengo que lograr encajar las piezas, tengo que resolverlo para poder quedar en paz.

Pensamientos pasados: 10/07/2010


Para quien no lo sepa, Pavlov era un tío muy listo que experimentó con perritos (qué le harían los pobres) y a su descubrimiento lo llamó reflejo condicionado. El colega se preguntaba si una respuesta inconsciente del organismo podía asociarse a un estímulo externo que a priori no tuviera nada que ver con esta respuesta. Así consiguió, tras exponer a sus perros al sonido de una campana cada vez que les servía comida, que éstos terminaran salivando (y echando jugos gástricos) simplemente con oír el sonido y eliminando el estímulo directo.

Cultura general aparte, hace años leí un artículo sobre etología, o como algunos lo llaman, psicología animal. Cada animal, y especialmente si se ha criado con los de su especie, posee un aconducta instintiva prefijada, lo que les lleva a comportarse de una determinada forma en cada situación, y lo que también les influye en su mayor o menor facilidad para incorporar en su código una u otra conducta adquirida. Aunque pueda parecerlo y nosotros tendamos a personalizarlos, no dejan de ser animales movidos por instinto. De la misma forma que no podemos esperar que un niño deje de repetir un mal comportamiento si le reímos la gracia, tampoco se puede esperar que un perro obedezca si een nuestro modo de comportarnos está leyendo alto y claro que él es quien manda, el jefe de la manada. Así luego pasa que cuando se vuelven viejos y cascarrabias nos extraña que nos muerdan y lo asociamos a que "no nos quieren", cuando lo que pasa realmente es que por viejo se ha vuelto menos permisivo con nuestras tocadas de huevos y falta de respeto hacia él, que es el líder.

Pues bien, tras mi larga carrera como socióloga y antropóloga puedo afirmar sin temor a equivocarme que hombres y mujeres pertenecen a especies distintas, con diferentes patrones de conducta, pues es la única manera de explicar coherentemente que no nos entendamos y que generemos tanto desconcierto en el sexo opuesto. Yo muchas veces me siento como esos perritos, que al principio no esperaban oír una campana pero que, a fuerza de repetirlo, aprendieron a esperarlo. Al final nos acostumbramos fácilmente a cualquier cosa, especialmente si nos agrada, para luego ponernos a salivar sin recibir la comida, con los desajustes fisiológicos que ello conlleva.

viernes, 2 de julio de 2010

Identidad

Hace cosa de año y pico me encontré a mí misma. No es algo extraordinario, cada cierto tiempo me pasa, es inevitable, y además me acaba gustando. En esa ocasión me encontré en mi segunda adolescencia, pero aprovechándola mejor, que la primera fue más un sinvivir que un período de aprendizaje y experimentación (¿o eso se hace en la post-adolescencia?).

Hace poco he vuelto a encontrarme, a centrarme en mí, a reorganizarme y sosegarme. Un momento, ¿sosegarme? Bueno, sí, en muchos aspectos, pero sin embargo parece que esté despertando en mí un monstruo dormido al que yo no conocía, o al menos, no había visto. Me encuentro un poco desaforada y ahora mismo no sé si es mi verdadera naturaleza, a la que no dejé salir antes, o simplemente se trata de la etapa que no tuve la vez primera y que ahora reclama su sitio.

No sé dónde ni cómo ubicar esta nueva faceta de mí misma, no sé aún si se quedará y se hará la dueña y señora dejando otras de lado o desterrándolas para siempre. ¿Qué es lo que me preocupa? Pues que con 30 años mi persona debería estar ya del todo formada y ser bien conocida y, sin embargo, me pregunto si todo esto no será más que otro tópico de esos que sirven para encorsetarse y reprimirse... Casi mejor voy a dedicarme a vivir, que lo otro ya lo he probado y no me satisface demasiado. Pero aún así, ¿y si esa niña inocente, tímida y algo pícara con la que me identificaba plenamente diera paso a otra más despreocupada y hedonista? Seguramente no estaría nada mal, pero me da miedo no reconocerme y quedarme un poco perdida por el camino sin saber dónde agarrarme por no haber pasado por allí antes. Quizá sí esté mayor para estos trotes...

Pese a todo, pese a las vueltas que pueda dar todo esto en mi cabeza, sé que debo dejarme llevar por mi instinto y mis sentidos, porque ya llevo mucho rodado como para seguir negándome a mí misma el experimentar la vida.