sábado, 28 de noviembre de 2009

Tirando de mí

Paso ya de los 29 años y aún no entiendo por qué cosas que para los demás son tan simples a mí se me hacen tan cuesta arriba.

Estoy en un momento de mi vida delicado, como tantos otros, pues tampoco es la primera vez. A veces me dan verdaderas ganas de tirar la toalla, pero entre que ésto tampoco es fácil, y que tengo dentro algo que aún no me explico pero que tira de mí para seguir a toda costa, pues continúo mi aventura sobre este mundo, como cualquier hijo de vecino.

No me apetece estar sin hacer nada, pero tampoco me apetece hacer nada. No me apetece dormir (o más bien intentar dormirme es lo que temo), pero tampoco quiero estar despierta. Por supuesto, hablo en general, pues luego están esas pequeñas cosas que hacen que todo cobre sentido por instantes y que estar sobre la Tierra merezca la pena. Tampoco quiero ponerme trágica, cosa a la que tiendo bastante, simplemente expresar la desidia que me invade, el hastío y la monotonía y que, sin embargo, no logro juntar fuerzas para vencer, así que me entrego a ella casi por completo.

Y las "pequeñas cosas" que me dan satisfacción y llenan esos momentos de felicidad es la compañía. Supongo que no sólo es porque disfrute de ella, de socializar, de hacer vida más allá de las fronteras de mi mente, sino también e igual de importante en mi situación, diría yo, porque me distrae del trajín que se sucede bajo mi cráneo y que a veces me es tan sumamente difícil de llevar.

Y si no escribo aquí más a menudo es, simplemente, porque trato de evitar en lo posible estar sola con mis pensamientos, pues temo a esos que se cuelan de vez en cuando y que me hacen sentirme triste y desesperanzada, y no son pocos, que ya sabemos cuánto cabe en una cabeza...

No ha sido una vez, sino varias, las que en mi vida he llegado a lo que yo creía que era un punto sin retorno, y por ello he emprendido una huída, lejos de todo (no tanto, pero bueno), y creo que no sólo porque el entorno me agobiaba hasta asfixiarme, sino también para probarme que soy capaz (aunque siempre con ayudas y amortiguaciones, para qué mentir, el miedo es demasiado como para no cubrirme las espaldas) y para ver, finalmente, que allá donde voy encuentro de todo, exactamente como de todo dejo atrás, de lo bueno y de lo malo.

Tentaciones he tenido de abandonarlo todo, pero no me termina de cuadrar. Me apetece hacer el gran esfuerzo que va a ser para mí acabar lo que empecé (Traducción e Interpretación) e intentar asentarme por fin, para demostrarme que soy perfectamente normal y no un bicho raro, como suelo pensar.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Soy o estoy

Ayer era yo, una llanura desierta y yerma, sin posibilidad alguna de ser aprovechada. Así me gusta pensar en mí, pues al menos tendría algún sentido lo que me pasa, y tendría excusa para resistirme al devenir.

Sin embargo, hoy me descubro como frágil y afectada, y rompo a llorar sin que aparentemente haya suficiente motivo... No estoy asustada por lo que pueda venir a mí, sino más bien me resiento por lo vivido, pues la huella es profunda y aparece cuando menos lo espero, en el recuerdo más inesperado e inocente.

Lo que me asusta es ser capaz de provocar el daño en la gente que está a mi alrededor, ya sean viejos conocidos o amigos recientes.

"Es hora de que pienses en ti", me dicen y me digo. Pero a pesar de ello un sentimiento de culpa me invade, una nostalgia extraña, una confusión aparente que hace que me pierda en una espiral de sentimientos contradictorios donde todo es legítimo y todo es maligno, y de donde no sé salir.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Asidero

Sigo intentando aferrarme a lo bello que toca mi vida, a lo bueno, pero tengo miedo de dejarme llevar por la euforia como siempre hago, y caerme de golpe como tantas otras veces...

jueves, 29 de octubre de 2009

La huída de noche

Cada noche huyo del presente y del pensamiento en el futuro, huyo de mí misma. Necesito evadirme de la realidad de cualquier forma posible, y por eso no duermo. Ojalá durmiera.

Durmiendo escaparía del mundo real para sumergirme en el sueño, no sé si mejor o peor, pero seguro, pues cada mañana (o al menos cada día) uno despierta y ve que ya pasó, que ya acabó, a veces a su pesar. Pero el momento de mayor consciencia de uno mismo es el previo al sueño, el que yo trato de evitar, pues mi realidad hoy por hoy no es la que yo quisiera, la que yo quería ni la que yo quiero. Y el futuro, al menos el futuro inmediato, tampoco es muy alentador.

Quisiera ser más optimista, pero cada vez que me vuelvo optimista, que es mucho más a menudo de lo que puede parecer, acabo de golpe en el suelo y me hago mucho daño.

Al parecer mi problema (uno de ellos) es que soy demasiado sensible tanto a lo bueno como a lo malo, así que me ilusiono enseguida y me dejo llevar por la euforia, pero igualmente me hundo rápidamente cuando llega el jarro de agua fría y me vuelvo pesimista.

Pero todo acaba, tanto la euforia como el pesimismo, es cuestión de tiempo y voluntad para cambiar. Puede tardar más o menos, pero acaba.

Hablar sola

Eso es lo que realmente hago aquí, hablarme a mí misma. Sin embargo, sé que hay gente que lee mis pensamientos. Nunca pretendí ocultarlos, sino compartirlos. Por eso os pido, a aquellos que me leen, que comenten lo que quieran, tanto si es positivo como negativo. Y es que, muchas veces, una echa de menos la conversación, y más cuando pasa por momentos duros, como ahora.

No pretendo ni espero que dejéis ánimos, más bien lo contrario, deseo un contrapunto, una opinión externa, pues en ocasiones una está demasiado ensimismada y olvida cómo era la realidad.

Recuerdo aquellas tardes y noches de botellón en las que debatía con quienes me rodeaban sobre cualquier tema trascendental con el ánimo encendido de quien disfruta del alcohol en buena compañía. Y lo echo de menos. No el alcohol, no, sino el debatir de cualquier tema animadamente, compartir intereses, hablar de lo humano y lo divino como quien bebe agua.

A veces me pregunto cómo he acabado tan sola como me siento. La conclusión depende mucho de mi estado de ánimo. Cuando soy realista, me hago cargo de lo cambiante que es una vida, de que una amistad es cosa de dos, y aunque uno la cultive morirá si el otro deja de regar. Cuando estoy apagada simplemente veo un espejismo de alguien que al parecer ha llegado a resultar odiosa cuando creía ser lo contrario.

Sí, a veces necesito de los demás, por mucho que me cueste y por mucho que me intente aislar para negarme a mí misma que necesite a nadie.

jueves, 22 de octubre de 2009

¿Quién soy?

La mayor parte de mi vida la he pasado bajo la batuta paterna. Padre y madre dirigían mi vida y me orientaban hacia el camino correcto para llegar "adonde yo quisiera". Al irme de casa, intenté buscarme, pero aunque apuntaba maneras, lo cierto es que aún estoy bastante perdida. Y ahora, vuelta a casa de nuevo, aunque esta vez los límites están más expuestos, pues soy más consciente de mí misma.

Pero, ¿quién soy?

Siempre he tenido más o menos claro lo que cualquiera podría esperar de mí ya que era una persona con los pies en la tierra, responsable, con sentido común, ¿madura?, y quizás algo rebelde, pero siempre dentro de unos límites aceptables. Lo normal, quizá, hubiera sido el convertirme en una joven brillante científica, pero en el punto álgido del pastel, o sea, la Selectividad, estaba tan sumamente estresada y agobiada por lo que debía hacer que mi alma y mi ánimo estallaron al unísono y, con el pánico provocado, no pude ir al examen. En cierto modo aquello fue un desafío a mí misma, a la cara que tenían de mí los demás, ya que nadie se lo hubiera podido esperar. Tuve un enorme cargo de conciencia, pero al tiempo era como si me encontrara al borde del abismo y me obligaran a saltar, pensando todos que yo era tan valiente como para tirarme. Al no hacerlo defraudé a los "espectadores", pero también mí misma. Ese gesto, del que nunca me sentí orgullosa, me definió un poco más.

Desde entonces todo ha continuado siendo una búsqueda de mi yo auténtico. Pero yo no podía ser justo lo contrario a lo que me marcaban que fuera, y seguramente lo que tenía marcado tampoco era yo, con lo que la investigación pintaba realmente complicada.

Hoy sigo intentando discernir la silueta que me dice quién soy, confundida entre lo que creen que soy, lo que me dicen que sea, lo que quiero ser... Por eso mis vivencias llegan con retraso, porque nunca antes me di esa oportunidad de buscarme, nunca me pregunté si la que daba la cara era realmente yo.

Hoy me quedan muchas cosas por vivir, sensaciones que antes no me permitía experimentar simplemente porque no era propio de mí o porque ya estaba advertida de que sería un error o un completo fracaso.

Por todo ello, si me veis haciendo algo que os choca, si observáis que pese a mil advertencias voy derecha contra una pared, bienvenidas son todas vuestras opiniones, amigos míos, pero tampoco os extrañe que quiera ser yo quien lo viva en mi propia piel, porque nunca antes me permití experimentar por mí misma, y lo que esas sensaciones me produzcan será lo que me ayude a encontrarme y saber quién soy en realidad.

viernes, 9 de octubre de 2009

La ciencia española no necesita tijeras

Voy con un día de retraso, pero es que me he enterado hoy del tema.

No al recorte de presupuesto para I+D, no a parar el desarrollo de un país, no a que los jóvenes científicos tengan que exiliarse buscando un panorama más acogedor para poder hacer un bien a la humanidad. NO.

Basta de juegos ya, basta de excusas, basta de crisis. Que recorten el ladrillo que es lo que ha causado que estemos así. Y si no, que me dejen a mí la Moncloa, porque ¡¡¡tan mal no puedo hacerlo!!!





martes, 8 de septiembre de 2009

Desolación

Y cuando, pese a los nervios, las inseguridades, los miedos... mi proyecto de futuro iba perfilándose y resultaba atractivo, en sólo tres días todo se desmorona ante mis ojos y no queda nada en pie, nada a lo que agarrarse. Ya sólo quedan mis convicciones y una débil esperanza que dé rienda suelta a mi ilusión.

Ahora, intento evitar que la humedad de mis ojos se convierta en llanto, en ese llanto que es como un diluvio torrencial porque cuando asoma lo hace de golpe, sin avisar y no se interrumpe hasta que se vacía del todo.

Esperemos que todo se vaya arreglando y que, como cualquier temporal, amaine y las nubes se retiren para dejar paso al sol.

Ojalá esto fuera el principio del verano, y no el final.

jueves, 30 de julio de 2009

Agobios

¿Cuál es el mejor método para evitar el agobio? Primero, debería definir lo que es el agobio en sí. Yo lo percibo como esa sensación de sentirse ahogado, con un nudo en la garganta, causada por algo psicológico lo suficientemente fuerte como para que se transforme en físico.

No nos engañemos en este aspecto: nos agobiamos nosotros, no nos agobian los demás. Cada persona actúa de una determinada forma, pero yo puedo agobiarme por algo que al de enfrente se la pela.

Yo me agobio por cosas como el intento de control que puedan ejercer sobre mí mis padres, la indiferencia de quienes me importan, el vacío de un día, la excesiva presión impuesta externamente o por mí, etc.

¿Y qué hago yo para evitar el agobio cuando lo siento? Mi principal objetivo entonces es no pensar, por lo que una siesta viene que ni pintada, igual que quedarme durmiendo incontables horas. Cuando estoy despierta no tengo ganas de hacer nada, ni siquiera de salir, todo me cuesta demasiado trabajo y me siento sin energía. Sin embargo, en muchos casos no basta con esto, ya que entro en una dinámica circular que se retroalimenta, ya que el no hacer nada de provecho y el perder el tiempo de mala manera también son para mí causas de agobio.

El truco es dar pasitos cortos para ir saliendo del círculo, algo que no es difícil cuando las circunstancias externas que percibo como desencadentantes de mi agobio han dado paso a otras que me provocan sensaciones más optimistas. Es bastante más difícil cuando las causas siguen ahí fuera o han dado paso a otras circunstancias que también puedo ver como causantes del mismo estado.

Pero, con tranquilidad, tampoco he sido nunca de las que se dan por vencidas, por mucho que eso signifique darse de hostias contra la pared una y otra vez.

domingo, 19 de julio de 2009

Ánimo

Estoy insegura ante el cambio inminente, tengo miedo, pero es algo normal. Lo que importa es la convicción y no olvidar el porqué y el motivo que me impulsa a seguir.

Tengo miedo no ya por lo que pueda encontrarme, sino por perder la perspectiva de mí misma y de lo que hay alrededor. No quiero dar pasos en falso ni tampoco volver hacia atrás. Necesito tener muy claro adónde quiero llegar y qué he de hacer para conseguirlo. Me niego a que la apatía me pueda.

Será duro, pues es fácil agobiarse, marearse, sentir vértigo y caer.

Ánimo.

jueves, 2 de julio de 2009

Humanidad

El ser humano está mal diseñado. Estamos hechos de forma que lo más fácil es que seamos infelices.

La vida, en teoría, es muy simple: nacer, crecer, emparejarse, reproducirse, y en el caso de las personas, estudiar y trabajar para lograr un dinero que haga posible todo eso. Cuanto menos se piense, mejor, pues quedaríamos plenamente satisfechos con nuestras funciones vitales, tal y como quedan el resto de los animales que están sobre la tierra. Un poco de cariño aquí, algo de comida allá, sexo del bueno y la realización del sueño que no sería otro que tener descendencia.

Sin embargo, no; tuvimos que complicarnos la existencia pensando demasiado, teniendo un cerebro privilegiado con el que dar vueltas al sentido metafísico de nuestra existencia mientras en él quedan grabadas todas nuestras vivencias a fuego, de forma que dan lugar a traumas, complejos, carencias, ideales, sueños, etc. Todo ello nos hará emprender una búsqueda a la que no siempre es posible poner fin, puesto que no siempre hallamos lo que buscamos, y tampoco siempre sabemos qué buscamos.

Lo que es peor de todo ello es que no pasa en un solo individuo, sino en cada uno de la especie, de forma que la interacción entre nosotros resulta muy compleja. Influimos en los demás aunque no queramos, del mismo modo que los demás nos influyen aunque no quieran, y con ello volveríamos al párrafo anterior, el de a qué dan lugar nuestras vivencias. Pero aún se complica más si hablamos de que dos personas se junten. Para ello tiene que haber química entre ellas, ambos tienen que estar muy dispuestos, tienen que ser compatibles en gran multitud de aspectos y además renunciar a parte de su individualidad, puesto que además de ellos mismos, deberán preocuparse del que está al lado suyo y de sus reacciones. Y de nuevo, volvemos al párrafo anterior, porque esto es el cuento de nunca acabar.

Total, que al final, para ser feliz no hace falta gran cosa, siempre que tu mente se conforme, claro.

viernes, 19 de junio de 2009

Colegas

No lo puedo remediar, tengo mucha fe en la gente. Me niego a desconfiar y tiendo a pensar que puedo ver en su interior, que es lo que me muestran. No tengo muchísimos amigos con los que pueda ser uña y carne, eso sí, suficientes son, y muy valiosos. Sin embargo, hay mucha gente que conozco que no entran dentro de esta categoría, pero tampoco los etiquetaría como simples conocidos. Estarían entre medias catalogados como amigos o colegas.

Lo que sí me pasa con estos colegas es que tiendo a considerar nuestra amistad o camaradería más importante y más sincera de lo que ellos pueden considerarla. Sí, creo que yo doy más importancia a nuestra relación que ellos, que para ellos soy más una conocida que una colega, y que si un día dejaran de saber de mí tampoco les perturbaría demasiado.

No es que yo sea una persona con un gran don de gentes o muy comunicativa, pues perfectamente pasan semanas e incluso meses en que no charlo con estos colegas. Pero, al igual que con ciertos amigos, que nos vemos de pascuas a ramos, esto tampoco quiere decir que no me acuerde de ellos o que no sean importantes en mi vida.

Todo ello me da qué pensar. No sé si es que creo demasiado en la gente, que soy demasiado confiada o que valoro cosas que la gente normalmente no hace. En cualquiera de los casos me temo que esto viene a demostrar la importancia que las relaciones humanas tienen para mí.

jueves, 18 de junio de 2009

Mi cojera

Mi nombre lo dice todo: Claudia, del latín claudius que significa cojo/a. Y así voy por el mundo, buscando apoyos por todas partes. A veces me envalentono, pero es todo fachada o, como mucho, un intento de hacerme creer a mí misma que soy capaz, que soy merecedora de llegar a la meta. Bueno, no es que no sea capaz, o no lo merezca, pero eso sí, a los cojos nos cuesta más.

Bueno, en honor a la verdad, más que la cojera, es que para ir a cualquier lado doy un rodeo, me subo en una gran noria que no hace más que girar y girar pero siempre está quieta...

Luego, además, digamos que tampoco es que tenga yo una buena estrella que me guíe. A ver, que sí, que podría estar mucho peor, por descontado, pero es que a mí me gusta mirar a los que están más altos, no a los que están más bajos. Siempre me ha gustado el cielo, volar, las alturas, los sitios privilegiados, vaya.

Y sí, es bueno tener ilusiones, hacer proyectos, pensar y reflexionar... Lo que no es bueno es vivir de ilusiones, hacer castillos en el aire y dar mil vueltas a cualquier tema.

Vamos, que no tengo medida ni mesura, que voy a por todas, que no me sé dosificar. Le sumamos la relativa mala suerte, el que me tropiece cada dos por tres (y a veces con piedras ya conocidas) y que encima soy una eterna insatisfecha (entiéndaseme, que sí que me satisfacen muchas cosas, pero que siempre quiero todo y lo quiero ya), y tenemos como resultado a Claudia, una tía que va por el mundo con cojera, porque no le queda otro remedio.

Pero bueno, coja y todo sigo siendo yo, sigo adelante e intento vivirlo todo, porque en eso consiste y, además, pese a todo, esta coja quejica sigue sintiéndose privilegiada en multitud de ocasiones.


viernes, 12 de junio de 2009

Esas pequeñas cosas

No lo puedo evitar, soy muy susceptible. Lo soy hasta el punto de que cualquier cosa me puede afectar sustancialmente hasta el punto de pasar de un estado de tristeza a alegría y al revés.

Aunque dicho así, parezca que soy bipolar, creo que no tiene nada que ver (además, coño, que ya me lo hubieran diagnosticado hace años...), es simplemente que soy capaz de ponerme triste con algo que me toque, aunque en un principio no parezca muy relevante, o bien tener felicidad para varios días si consigo un pequeño logro que a ojos de cualquiera pudiera ser una minucia.

Pero ¿de qué construimos nuestra vida, a fin de cuentas, si no es de pequeñas cosas? Y una tras otra van dando lugar a algo mayor y decisivo.

lunes, 8 de junio de 2009

Rebeldía

En mi frustración aparece mi vena rebelde que me sugiere cosas como "¿porqué tendría yo que cambiar?, ¿porqué voy a tener que comportarme como el resto?, ¿por qué no voy a poder ser diferente?".

A veces me encuentro pensando que la infelicidad reside en no soportarse uno a sí mismo, y que quizá cuando estoy triste, cuando todo me cuesta un mundo es simplemente el reflejo de que lucho contracorriente conmigo misma y que si me aceptara como soy en vez de estar siempre expectante a las posibles conquistas, tal vez evitaría esos momentos de angustia y melancolía... Pero esto es como un gran galimatías pues, ¿cómo voy a dejar de intentar ser como deseo?

Y aquí la palabra clave es deseo: mientras haya deseos hay esperanza.

No me extraña nada que me salga mi vena rebelde porque si no descansara de mis espirales de vez en cuando, la maraña se haría tan grande que sería imposible de desentrañar.

viernes, 5 de junio de 2009

Rodeada y sola

¿Es normal sentirse sola entre la gente? Sé que no estoy sola, que tengo amigos y familia con la que contar, o al menos quiero creerlo, y, sin embargo, me siento sola tantas veces...

¿Acaso me prestaban poca atención de pequeña? ¿Me daban poco cariño? No recuerdo nada especial que me sugiera que puedo estar muy falta de cariño o de atención, pero bien es cierto que muchas veces necesitaría de gente a mi alrededor pendiente de mí y haciéndome saber lo mucho que me quieren, lo maravillosa que soy y lo afortunados que son de tenerme. O algo así.

Bueno, quizá exagere un pelín, pero no exagero si digo que ahora mismo me siento sola, falta de cariño y de atención. No es un sentimiento nuevo tampoco, pero hay veces que lo tolero mejor que otras.

Me gustaría saber cómo hacer para no necesitar de gente, de verdad. Muchas veces intento convencerme a mí misma de lo bien que estaría sola en el mundo, sin necesitar de nadie, sin deberle nada a nadie, sin tocar ni que me toquen siquiera. Pero ¿a quién quiero engañar?, obviamente a mí, claro, sin conseguirlo.

Supongo que por eso soy antisocial (aunque esta palabra implique aquí una exageración), porque en cuanto alguien se acerca y me roza (en cualquier sentido) quedo supeditada a él, pendiente de ese hilo invisible que querría cortar para no sufrir. Esos hilos están ahí, son los que me hacen ir en uno y otro sentido, sentidos a los que racionalmente trato de oponerme, y por eso el sufrimiento es doble y queda dentro de mí.

lunes, 1 de junio de 2009

Mensaje zen

¿Odio? No, prefiero amor. No me refiero a amor de pareja, sino a todos los tipos de amor.

Si alguna vez tuve la inclinación de odiar siempre pensé que no merecía la pena dedicar tanto esfuerzo a alguien que, sin duda alguna, no merece nada de mí. Por eso, quien no es merecedor de mi cariño se gana simplemente mi indiferencia, pero nunca mi odio (o esa es mi intención). En cualquier caso, lo que sí es bien cierto, es que demasiadas personas tienen mi cariño, simpatía y empatía, o todos ellos a la vez.

Mi corazón no alberga odio, simplemente amor.
Estoy sufriendo, es un hecho. Pese a mi aparente serenidad, e incluso contento, se esconde sólo la pretensión de no querer admitir lo mal que me siento en ciertas ocasiones, cuando recuerdo todo lo que hay a mi alrededor y el malestar me invade.

Busco evasiones, pero en mi búsqueda me tropiezo y acabo por encontrar más problemas que echarme a la espalda.

Qué le voy a hacer, soy una pequeña experta en angustias cuando se llega a un punto de inflexión. Aún tengo que agradecer que esta vez soy más yo, soy más consciente de mí misma, aunque invariablemente mi autoestima no está precisamente alta.

Uno de mis problemas es que no puedo evitar ilusionarme con cada novedad de mi vida, anticipar sobre ella, y luego derrumbarme cuando esas ilusiones no se cumplen, cosa no demasiado rara pues, pese a creer que mis pies están bien atados a la tierra, mi alma es ciertamente soñadora y viajera, y las ilusiones van de su mano. Suelen ser ilusiones inofensivas, simples, pero aún así no quiere decir que el desengaño al respecto no duela. Soy la típica que construye castillos en el aire sin contar con nadie más, me monto mis películas, y no aprendo nunca.

Para superar estas pequeñas contingencias, sólo me queda alrededor la gente a la que aprecio, y por eso cuando un día me fallan debido a más castillos construidos, sufro estos pequeños baches que suman otro obstáculo en mi camino.

Tranquilos todos: no me doy por vencida.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Los hombres

No sé por qué dicen que los hombres son simples y las mujeres complicadas, la verdad. Supongo que esa afirmación la lanzó un hombre al no saber comprender a su pareja, hija, madre u otro familiar femenino.

Los tíos son raros. Dicen que las raras somos las tías, pero simplemente porque vivimos en un mundo dominado por hombres, donde las normas las ponen ellos y nos comparan, obviamente, con ellos, así que no es extraño que seamos raras según su punto de vista.

Por lo que a nosotras, las mujeres, respecta, los raritos son ellos, y voy a poner el mejor ejemplo: el arte de la seducción, el ligar, vamos.

Quién no habrá oído alguna vez a algún tío decir que está harto de ser él quien tiene que llevar siempre la iniciativa, que ya podía haber tías que dieran el primer paso y bla bla bla. O cómo también se ponen a decir que las tías somos rarísimas, que no sabemos lo que queremos, que le damos mil vueltas a las cosas y que encima no hablamos claro.

Ahora bien, sé tú la que da el primer paso, pasa de juegos y dile lo que piensas, et voilà, huirá por patas como alma que lleva el diablo.

Vamos, que no, que no somos nosotras las que hacemos lo contrario de lo que decimos ni mucho menos...

Queridas compañeras de sexo, ¡¡¡va por vosotras!!!

martes, 26 de mayo de 2009

Hoy es hoy

Cada día tengo más claro que quiero volverme a Madrid, y supongo que por eso estoy tan apesadumbrada. Intento centrarme en pensamientos alegres, y debería moverme más: salir a pasear, a patinar, a estar tendida al sol... Sigo igual de perezosa.


Mis diversiones están ahora mismo ausentes, así que me encuentro de cara con los pensamientos crudos sobre lo que he perdido, lo que no tengo, y lo que voy a dejar. Demasiado para hacer frente a todo junto, demasiado.

Espero que baje esta rara melancolía que se está apoderando de mí. Me gustaría poder reflexionar sobre otras cosas en vez de estar todo el rato dando vueltas a lo mismo, o simplemente, no sentirme tan pesimista.